Como lo oye señora. Ecológicas y de secano. Con abonos naturales y agua de lluvia. Cultivadas en un roal de tierra a las afueras de Balsicas, que no concreto más para que no acudan los linces que cada mañana echan mano al coche y se recorren los bancales dándole vuelta al género.
Fruto de una meticulosa selección de simiente por parte de mi señor padre.
«Venga rubias, que me las quitan de las manos», como diría mi amigo Juan José.



















