De cabras y pillos

Mucho hablamos y a veces hasta presumimos de nuestra pillería. La pillería española. Algo que conoce muy bien y se encuentra en su día a día el personal de la administración en torno al que gira la concesión de ayudas, por ejemplo.

Para este ejemplo pongámosnos en el sector caprino. En la cabra murciano-granadina, con la que se elaboran los quesos de Murcia con Denominación de Origen Protegida y cuya producción recibe —o al menos recibía— ayudas públicas.Concesiones que requieren unas inspecciones que se llevaron una sorpresa fruto de nuestra pillería nacional.

Un día en una de las inspecciones a una ganadería alguien se percata de que hay un ejemplar, una cabra, […] (continuar leyendo)

Garbanzos y lentejas de importación

Desde hace un tiempo nos viene comentando un compañero que nos sorprenderíamos si supiéramos la cantidad de legumbres que España importa. Y es que con la gran cantidad de platos de la dieta mediterránea que incluyen legumbres secas, muchos tendemos a pensar que seremos uno de los reyes del mambo a nivel mundial también en la producción de estas semillas. Pero no.

Unos ejemplos de lo que importamos y exportamos de garbanzos, lentejas y legumbres secas en general desde 1961 hasta 2011:

Comercio de garbanzos en España

Comercio de garbanzos en España. FAOSTAT

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El niño grillado

Quizás ahora con tantos inventos electrónicos, los niños y no tan niños andan más entretenidos por casa. Inclusive cuando los padres los necesitan. Pero hubo un tiempo, más bien de siempre, en el que cuando la madre estaba guisando en la cocina los chiquitajos se empañaban, nos empeñábamos, en trastear todo lo que estaba al alcance. ¡Menudos salseros éramos!

Lo que hiciéramos con lo que encontráramos era asunto nuestro hasta que nos hiciéramos daño y entonces nos acordásemos de que teníamos madre. Tirarlo por el suelo, esconderlo, hacerle trastadas a los demás e incluso a nosotros mismos. Y raíz de estos juegos un día una madre se extrañó por ver que uno de sus hijos se tocaba mucho una oreja. Tenía algo dentro que le molestaba y que no conseguía sacarse. Al mirar ella, se encontró con que ese algo era del color de la piel pero empezaba a verdear.

La madre, en parte inocente y en la restante asustada, fue al médico con el hijo a ver qué le podía estar ocurriendo a su chiquillo. Pero lo que empezó como susto terminó en anécdota, pues lo que el niño tenía en el oído era un garbanzo que con el paso de los días y a base de baños había empezado a grillarse. Así pues, una ventaja que tienen las plei esteision de hoy día.

El cucaracha

Cuentan que hace unos años hubo un bar en Madrid cuyo nombre aún existente no revelaré, al que solían ir unos compañeros de trabajo a comer con frecuencia. Buen precio y comida decente era el principal reclamo para esta gente. A pesar de que la dueña era un tanto cansaalmas.

Rara era la semana en que alguno de los días en que los colegas visitaban el establecimiento, la dueña y también cocinera no les interrogaba. Dónde habían estado el día anterior, por qué había faltado fulanito, que si es que acaso no les gustaban los platos, que si iban a ir al día siguiente,.. estaban entre su repertorio favorito de preguntas. Pero eso, dentro de lo que cabe, podía ser admisible. Después de todo, como también tenía que cocinar había también un hombre que era más discreto para la profesión de servir mesas.

Un día, en una de las pesadas chácharas de la patrona […] (continuar leyendo)

El robo del choque discreto

Noche de entre semana. Vuelves en tu coche llamativo —todo sea dicho— a casa. Callejeando. Apenas hay tráfico. Ceda el paso por aquí y STOP por allá hasta que paras en uno de los tanto semáforos que hay por Madrid. Ves venir un coche por detrás con dos ocupantes, que aminora como era de esperar. Pero en el último momento no se detienen y te dan un golpe.

Antes de que puedas reaccionar ya tienes a uno de ellos pegado a la ventanilla diciéndote que les has dado un golpe. Tu reacción directa y normal es bajarte a comprobar los daños e intentar hacerles entender que ha sido culpa de ellos, que no han frenado a tiempo. Sin embargo, en cuanto te das cuenta el perla se ha subido a tu coche y no te lo llega a robar porque tu acto reflejo es sacarlo y liarte a palos con él. Te lo quería robar.

Esto le pasó a un compañero y según la policía cada vez se está extendiendo más como técnica para robar coches. Nos sobran hijos de mil padres.

El curandero

A cuento de un anuncio de un curandero que ha visto hoy un amigo, o lo que siempre se ha llamado así, a pesar de que el hombre se describa como casi capaz de dar predicciones meteorológicas, me he acordado de la primera vez que recuerdo* que vi a alguien de tal dedicación.

Era una tarde de sábado de hace taitantos años en la que, como otras tantas de fin de semana, había ido al pueblo a ver a mis yayos y a algunos amigos. De siempre me gustó pasearme con la gente, de manera que al decirme mi yaya que iba a un mandao allá que me apunté. Pero el mandao no era sólo con ella. Al poco aparecieron las tres hermanas y allá que me adentré con las palomaras al completo en una zona del pueblo que conocía poco. Me dijeron que íbamos «al curandero». Palabra desconocida hasta entonces por mi.

Íbamos por las calles hasta que […] (continuar leyendo)

Apodos con mala leche

Un apodo, mote, alias,.. nunca suele sentarle bien al sujeto al cual se le pone. Pero dentro de las posibilidades siempre los habrá con una mala leche y/o estupidez destacable y sin que les falte un artículo determinante delante. Además de que en todos los colegios se crean con mucha holgura, en los pueblos y localidades pequeñas suele ser donde estos perduran incluso de generación en generación. Y para muestra unos ejemplos:

  • Los risas. Aplicado a los descendientes del ya difundo abuelo que padeció de una parálisis facial que le afectó a la boca. Ésta le provocaba el gesto en el rostro de como si se estuviera riendo.
  • El asesino. Utilizado para referirse a un huerto en el que hace muchos años alguien fue asesinado. Pero como el huerto del asesinado sonaba raro a los chismosos, hicieron ese cambio de apariencia insignificante pero de aparente cambio de titularidad de la propiedad.
  • Los muertos. Delicado apodo donde los haya, para aludir a una familia de la que cuentan los corrillos que un antepasado iba en el ataúd del cortejo fúnebre hasta que empezó a golpear el féretro. Tuvo suerte y se salvó aquella vez cuando otros muchos acababan arañando sin éxito el interior de caja. Eran otros tiempos, sin las 24 horas de espera que ahora vemos tan normales.
  • El millones. […] (continuar leyendo)