Donde acaba tu libertad

Empieza la mía. En ese preciso sitio es donde acaba tu libertad. Porque lo digo yo. Y me da igual si lo dictamina un juez —mangoneado o no por el poder político—, un mediador, el patriarca o incluso mi santa madre.

Si mañana te coloco en la portada de alguna revista en cueros y dándole al fornicio con tu señora, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de dibujar y publicar.

Si convoco a unos periodistas —imprescindible que lleven cámaras— y le meto fuego a tus fotos y grito muerte a tu nombre completo, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de uso del mechero.

Si vas por la calle y te lanzo unas tartas, o si te llamo de madrugada amenazándote o si te bombardeo el móvil con injurias —siempre y cuando no seas mujer— que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de gastar bromas.

Si se te ocurre reaccionar a los tartazos y me atacas las partes nobles con la punta de los tacones, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de pedir que te apliquen el garrote vil en público porque has puesto en peligro mi futuro como padre.

Si me pongo enfrente de tu casa en la acerca a montar jaleo e insultar cada vez que entren o salgan, tanto tú como cualquier otro residente de la vivienda o visitas sin importar la edad, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de expresión.

Si además vienen unos amigos que se solidarizan conmigo para montarnos un campamento y me ayudan a que me escuches mejor desde el fondo de tu casa, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de reunión.

Si soy mujer y calumnio acerca de que me maltratas, te detiene la policía con posterior paseillo esposado por toda la calle con los vecinos mirando, insultan a tu familia, te meten en el calabozo e incluso se decreta prisión preventiva con las consiguientes reacciones del resto de presos,.. Aunque luego el juez me descubra en un proceso nada fácil, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de no ser condenada ni mucho menos a lo que tú te enfrentabas por mi mentira.

Si asesiné a tu cónyuge y un día me encuentras en un comercio que he instalado justo debajo de tu casa, tras salir de la cárcel habiendo cumplido menos años de los que la sentencia indicaba, sin un ápice de arrepentimiento y con alguna carrera regalada por la universidad pública, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de molestarte para que te vayas y/o insultarte cada vez que te vea pasar por delante.

Si entré a tu casa a robar y como te negabas a darme lo que quería te pegué dos tortazos, me rompí la muñeca porque tienes la cabeza muy dura y ahora tienes que indemnizarme, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de pedir donativos y lo vulneraste.

Si ocupé tu casa de la playa que has pagado con el sudor de tu frente tras un montón de años de trabajo, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de escoger una vivienda.

Si además osaste echarme de tu propia casa, que yo tenía ocupada, con cualquier artimaña como bombas fétidas, que sepas que te denunciaré porque estoy en mi derecho de la libertad de disfrutar del olor que yo quiera.

Si estoy en un tribunal, en calidad de testigo, declarando en camiseta, bermudas y chanclas, y me pongo a juguetear a mitad del interrogatorio con mis deditos y una chancla a la pata coja, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de vestirme como me dé la gana ante quien sea.

Si te pinto un grafiti de letras ininteligibles en una propiedad tuya, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de expresarme artísticamente. Que el arte es de un valor incalculable y nadie entiende el mío.

Si voy en el tren durmiendo a pierna y pie suelto y llegas después que yo y te molesta mi pie entre tu asiento, que sepas que estoy en mi derecho de la libertad de dormir como quiera. Haberte subido a otro tren.

Lo permito todo mientras no sea contra mi. Porque estoy en mi derecho de creerme poseedor único de la verdad universal. Y por si acaso, también de la justicia.

(Y así nos va. Que hay que sacar leyes para todo porque parece que si no está penado con más de dos años de cárcel, que asegure que ingresaremos en la trena, o con miles de euros de sanción, lo hago porque me da la real gana).

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