¡Deprisa, que vienen elecciones!

El título de esta entrada tengan por seguro que ha de ser de lo más dicho entre nuestros políticos en estos días hasta el 22 de mayo. Los que gobiernan para acelerar la finalización de lo que no esté acabado y la gente mire bien; los que no gobiernan para obtener y sacar a la luz más trapos sucios, a veces falsos, sobre los que están en el poder.

Los ejemplos típicos son más que conocidos. Calles levantadas por obras desde hace meses que ahora velozmente finalizan, farolas dignas casi de coleccionistas que tras años fundidas y enrobinadas son cambiadas, así como calzadas repletas de baches propios de fuego de mortero cuyo asfaltado se realiza en un tiempo récord más que increíble. Pero hoy voy a compartir una vuelta de rosca más: los hospitales en Cartagena.

En otros lugares de la Región de Murcia se tardó menos en tirar y volver a hacer nuevo un hospital que en Cartagena el hecho de sólo elegir en qué terrenos construirlo. Espera que no evitó la elección de un lugar próximo a una zona de gran actividad química —Escombreras. Una vez, por fin, que se empezó a construir se vendió la moto, y en parte se sigue vendiendo, de que el hospital de Santa Lucía es un hospital nuevo. Y claro que lo es, las paredes no son de segunda mano, pero sin embargo no se trata de un hospital más del todo porque habrá una sola gerencia y los servicios se van a distribuir entre él y el Santa María del Rosell. Porque según los expertos, me refiero a contables y no a médicos, para que fueran dos hospitales independientes como ocurre en Murcia con Morales Meseguer y Reina Sofía, en Cartagena tendrían que haber dos zonas de salud y no solo una como es el caso. Excusa perfecta que encuentran para así ahorrar el coste de duplicar servicios y gerencias —tan ahorrativos por el bien de todos que quedan ellos. Aunque las listas de espera no vayan a reducirse a la mitad a la gente se le graban en la mente las palabras hospital, más y nuevo. Pero no se queda ahí la maniobra de marketing puro y duro.

El inicio del cobro del aparcamiento, que como se anunció hace meses será de pago en su totalidad para trabajadores, pacientes y visitas, se continua retrasando. Al principio decían que la cosa iba para primeros de año, luego que para unos meses después, y lo último fue que para mayo. Sin embargo ya veremos si este otro acto más de saqueo al bolsillo del ciudadano se pone en marcha antes del 22 de mayo, o casualmente después. Que no se vota igual enfadado que contento; son muchas las personas que trabajan allí y las que van al médico después de meses de lista de espera.

Sin embargo lo más vergonzoso de todo es la prisa que le están imponiendo al personal. Hay servicios a los que les están avisando de un día para otro que se cambian al nuevo. Llega el doctor Pepe Gotera al servicio que dirige en el Rosell, como otra mañana cualquiera, y le dicen desde arriba que mañana se cambia a Santa Lucía, que se lo comunique a Otilio y al resto de sus chicos. Así, sin más, que son órdenes de más arriba —políticas— de que quieren el de Santa Lucía funcionando a pleno rendimiento antes de las elecciones porque así lo prometió Ataulfo el presidente, Ataulta la alcaldesa o Perico de los palotes. Así que a Pepe Gotera le entran los sudores de la muerte, pero sólo serán unas gotas sin importancia comparadas con la del día siguiente cuando se encuentre que en el nuevo hospital han llenado su servicio de material sin consultarle a él ni a ningún otro médico. Un láser que funciona distinto al que siempre han tenido, clavijas de distintos fabricantes que no se conectan entre sí, consultas con una distribución menos eficiente,.. Pero eso no importa. Lo que importa es que el doctor Gotera y sus chicos estén en el nuevo emplazamiento cuanto antes aunque sólo puedan ocupar espacio.

Da igual si la gente no sabe según qué urgencia a qué hospital dirigirse, si hay algún servicio con una lista de espera para consultas hasta noviembre, si con el cambio se han extraviado pruebas y listas de esperas de pacientes para estas, si falta personal y no hay dinero para contratarlo o si un especialista de guardia localizable está atendiendo una urgencia en uno de ellos y a la vez lo llaman para que se dirija al otro por otra urgencia, que la espera no será sólo cuestión de ir a la otra punta del pasillo o coger el ascensor. Lo que importa es el money y especialmente que todo tenga el mejor aspecto posible para el 22 de mayo, porque los que deciden no saben de hospitales ni de salud más allá de lo que han visto cuando han ido a que los cuelen para que los atienda un médico.

Así que quien se enfada porque echa la mañana entera para una consulta de 10 minutos, le pierden unas pruebas para las que esperó meses, el sistema no está optimizado o para cuando le han dado cita su problema ha crecido y ya va tener una solución más chunga, si es que la tiene, que no la pague con el personal sanitario. A los culpables de gran parte de lo dicho hay la ocasión de decírselo el próximo 22 de mayo.

Este ejemplo ha sido con la Región de Murcia y la sanidad en concreto, pero es aplicable a otros muchos campos de los diecisiete miniestados que componen España.

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