Austeridad sindical

Siempre he pensado que lo primero para tratar de hacer algo es creer en el fin que sigues. Luego ya además pues si lo pareces, como ese dicho sobre la mujer del César, pues mejor. Pero hoy un amigo me ha enviado por correo esta noticia: «Las comilonas de UGT en plena crisis». Ciento treinta euros por cabeza. Se lo han tenido que pasar pipa. Así luego tiene alguno ese barrigón que refleja la buena vida que lleva.

Por supuesto que no todos los sindicatos serán así, pero éste es uno de los mayoritarios. Una especie de mafia. Mucho de boquilla y mucha manifestación siempre y cuando no sea en contra del que le hincha los bolsillos. Claro está. Algunos militantes sin duda de lo más educado de su casa. Esta gente eso de no muerdas la mano que te da de comer lo lleva a raja tabla, tanto que dejan pisotear sus ideales y la defensa de quienes le dan razón de ser con tal de no faltar al Gobierno que lo subvenciona. Que no se extrañen luego de que muchos pidamos que cambien su buena pedazo de sede de Madrid por comida para quien no tiene. Me resultan como el que diga que es médico por vocación y luego se haga asesino —premeditación, alevosía,..— en serie.

Me recuerdan más a los políticos que a meros trabajadores que en sus horas libres o en la última hora de cada jornada laboral aunarían fuerzas para defender los derechos de sus compañeros.

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