Bandadas de Twitter

A veces lo llamo el pajarito azul y otras el pajarraco azul. Según los motivos que me dé. Prefiero ser neutral y dejarlo en pájaro o sencillamente en el nombre comercial del que dicho pájaro es logotipo: Twitter.

Me hice una cuenta a finales de 2008, motivado por una promoción del registrador de dominios NameCheap. A pesar de que a comienzos de ese año le estuve dando vueltas pero no acaba de encontrarlo útil —nunca he sido un visionario—, en estos más de tres años he acabado por encontrarle provecho. Sobre todo a raíz de venirme a Madrid. Ciudad de la que a través de Twitter he recibido buenos consejos, ideas, alguna amistad y hasta gente interesada o maleducada. Porque en Twitter, como en todos sitios, en Badoo, y en lo que fue el messenger «hay gente pa tó» —sea de quién sea la expresión.

El fuerte crecimiento de Twitter vino gracias al uso por parte de los famosos. Una vía sencilla y directa de comunicación con su público. Normalmente sólo en vía descendente, de famoso a fan. Unas veces tan bien usada para hacer publicidad y otras tan desafortunada para meter la pata, o bien hacer una campaña publicitaria sin importar el honor ni el qué dirán mientras se hable de ello. Hoy en día, si eres famoso o un organismo público, tienes que tener cuenta de Twitter. Ya la administres tú o un community manager, aunque sea un chapuzas que publica detenciones de terroristas antes de que estas se hayan producido.

Una bandada totalmente espontánea y desconocida antes de Twitter suele ser la formada por los tweetstars. Gente que es famosa en Twitter aún sin serlo en la vida real ni la tele ni el trabajo, pero que suele contar con un cerebro brillante para idear frases graciosas, una depresión de mal de amores enorme para escribir infinitas frases tristes o ser mujer de buen ver y que no conoce el pudor. Hay también tweetstars del ámbito científico, ferroviario, literario,.. pero menos.

Muy motivados por los famosos y/o los tweetstars son los espías —estoy escuchando la BSO de El mito de Bourne para ambientarme mejor—. Son, de largo, los más numerosos. Registrados hace Dios sabe cuánto. No seguidos por nadie o si acaso por algún despistado o robot de publicidad. Conozco alguno que sólo abrió Twitter el día que se registró y ya no sabe ni la contraseña. Su mayor característica es que continúan con el huevo ―el logotipo por defecto—, siguen a bastantes personas (famosos, tweetstars y mujeres agradables a la vista) y no suelen rebasar la media de diez retweets al año. Es como si compitiesen entre ellos por ver quién lee más y publica menos. Total ausencia de mensajes de elaboración propia. Unos lo usan como sustituto de los periódicos, otros de las páginas eróticas, etc.

Una bandada de la que suelen pasar bastante los espías es la de los aspirantes a tweetstars. Estos últimos se parecen en parte a los primeros, los espías, porque sólo acostumbran a seguir a gente relevante, al menos en la red social, pero siempre intentando un trato de compadreo con el deseado puesto de los tweetstars. Cuidan bastante el tener más seguidores que seguidos, para parecer gente interesante y ocupada a la vez que no puede perder el tiempo en leer a muchos. Sin embargo, rara vez reciben respuesta de las estrellas y menos aún son seguidos por ellas. Aunque día tras día no cesan en su intento de llegar a la fama probando distintas actitudes y temáticas.

Análisis aparte merecen las cotorras. En su mayoría mujeres, aunque me vayan a poner a parir. También los hay entre ellos, como yo algún rato. No es ya que escriban mucho, porque también podría ser entre otros usuarios, sino que tienen que contar lo que es de su vida hasta cuando duermen. El café del desayuno estaba frío, no llevan suelto en el monedero, el estado de las líneas del Metro, se les ha acabado el azúcar,.. Cualquier cosa que a veces te hace dudar sobre si todos sus seguidores son gente aburrida o le hacen terapia.

Algo parecido a las cotorras pero que nunca ponen nada bueno son los cansaalmas. Nunca tienen un mensaje positivo. Todo son lamentos. Mejor que no sepan que van a servir de inspiración de las próximas letras de Álex Ubago y sin ver un duro, por su bien y el del resto de usuarios. Pero eso sí, ojito porque también hay un reducido número de esta banda que son aspirantes a tweetstars para todos aquellos que tienen un momento de bajón.

Y por último, la bandada de los de doble vida. La real y la de Twitter. Presentes en casi cualquiera de las anteriormente explicadas. Cada día más habituales. Perfiles falsos o con foto verdadera pero mensajes totalmente opuestos a su vida real. Que utilizan esta red social como medio a través del que ser tal y cómo les gustaría ser. Son los únicos de los que hay que tener cuidado y no tomar en serio, son fantasmas. Unos intentos de ejemplo en la vida real podrían ser la terrorista sentimental o la coleccionista, que no iban a estar ausentes en Twitter.

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