Costumbre o mala educación cartagenera

Hoy Domingo de Resurrección han terminado las procesiones de Semana Santa en Cartagena. De la procesión, como algunas otras, tengo pensado escribir, pero para no enturbiar esa futura entrada con ciertas costumbres que tenemos los cartageneros en Semana Santa mejor voy a tratar esos hábitos por aquí. Aparte.

El respeto y seriedad que los cartageneros tenemos por las representaciones en las calles de la Pasión de Cristo, me refiero obviamente a las procesiones, me parece ejemplar. Si eres católico pues como tal lo sientes y lo vives, conoces y sientes ya qué fue de Cristo, pero si no eres católico o sencillamente eres ateo lo respetas y ya está. Aunque siempre habrá gente comiendo pipas ante el paso de un Cristo mientras presumen acerca del tercio o trono en el que participan.

Sin embargo hoy he visto algo aún peor en la procesión de la cofradía que llamamos del Resucitado. Ya no ha sido lo común de falta de respeto a los procesionistas —de alguna gente puntual todo sea dicho— ni por supuesto tampoco de ellos al público, sino la falta de respeto del público hacia el resto de personas. De amabilidad, de educación. Estábamos un montón de gente como viene siendo habitual en una de esas zonas en las que no se ponen las sillas de alquiler, zonas de paso y para que los equipos de emergencias puedan actuar de manera más rápida en caso de ser necesarios. Cuando en diversas ocasiones ha habido personas que no han logrado atravesar ese grupo de gente recibiendo la respuesta de «por aquí no se puede pasar». Curioso porque el motivo era que la gente que daba esa respuesta tenía esclafado delante un carricoche de ellos mismos pero al que aludían como si tuviera la anchura de un tráiler. Y entre las personas a las que no les ha dado la gana de dejarlas pasar, que no pretendían posicionarse delante de ella ni cortar la procesión, ha estado una señora mayor en silla de ruedas, una madre con carricoche, propios componentes de la procesión y más personas en mayoría de avanzada edad con el sol de justicia que ha hecho.

Yo soy el primero que está en contra de la gente que se cruza en las procesiones, pero también entiendo que hay necesidades y muchas maneras de cruzarse o andar paralelos a ella. No es lo mismo cruzarse en mitad de un tercio de penitentes que justo por detrás del trono, ni si se va empujando al público que en lugar de pedir por favor, ni por capricho que por necesidad. Se pueden decir los motivos, que realmente es porque se considera aquí una falta de respeto el hacer eso, o que es que no vamos a ver si intuimos que se nos quiere poder delante alguien más alto, que desde luego queda mejor que oponerse en cerrado diciendo «por aquí no se pueda pasar» como si se tuvieran en escrituras las baldosas, que es lo que normalmente dice la gente que suena a: te jodes. Pero así es como algunos y algunas paisanos y paisanas tratan de fomentar nuestra Semana Santa, porque alguna de la gente víctima esta mañana de la tontería de la mollera de algunos cartageneros era de fuera y había venido para ver nuestra Semana Santa, una señora por ejemplo desde Barcelona.

Un reflejo más de que aún nos queda mucho por aprender, simpatía incluida, si de verdad queremos fomentar el turismo. Encima de pobres, tontos.

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