La misinda

Inspirado en reflexiones como las de #SeñorasQue analizan al terrorista sentimental, yo podría compartir la de «la misinda». Una manera como tantas de denominar a ese tipo de mujer del que todos conocemos gran cantidad de ejemplares y que nunca estamos a salvo.

La misinda es esa clase de mujer, aunque a veces puede que sin clase, que aparece precisamente en un día en que necesitas ser escuchado o tener una pausa en tu rutina. Con unas palabras cariñosas adornadas de risas ñoñas, miradas de comprensión y voz dulce irrumpe en tu vida despertando en ti una llamativa complicidad. Resulta a su vez como un oído generoso y paciente que sabe escuchar como nadie pero con una boca que sabe callar como menos aún. Porque ella siempre evitará hablar de sí misma.

La misinda te invitará a que le cuentes tus problemas y pensamientos sin apenas manifestarte opinión alguna. Y si de verdad quieres que se calle invítala a que te hable de sí misma, de su vida, de su pasado, de sus planes, de sus desamores. Con ella no descubrirás la riqueza del español, porque para evitar contestar a lo planteado dirá «no sé» o cambiará a un rostro triste acompañado de un «prefiero no hablar de ello». Y entonces erróneamente caerás en su red de sentirte mal porque le has preguntado sobre algo que no le ha molestado, sino que le ha puesto triste aparentemente. Estarás empezando a ser como a ella le gusta. Pero todo sin haberse despistado en una sola de las palabras que hayas dicho sobre ti, que sabiamente memorizará y te recordará en el momento en que más vulnerable resultes a ellas o para picarte con la excusa de cambiar de tema cuando quiera evitar ella alguno.

La misinda acompaña su carácter comprensivo y cariñoso de un andar inseguro por la vida. Tanto interior como incluso de caminar. A la par que la ves venir andando con pasos pequeños y sin apenas hacer ruido te preguntarás cómo ha llegado esa persona en la vida a donde está. Algo similar a estos perros pequeñajos que apenas pueden ir por la calle por sus propios medios. Cómo ha sobrevivido en este mundo de buitres una persona tan inocente y que parece haberse criado entre un séquito de osos de Mimosín. Pero en realidad es que tendrás ante ti a toda una hábil rapaz de una aparente nobleza como la del halcón que esconde independencia como la del gavilán.

La misinda sabrá qué fichas mover y cuales no tocar para ir haciéndote perder el «sentío» por ella. Pocas veces lograrás sonsacarle una declaración amorosa aunque con su mirada tierna y ojos húmedos parezca que te lo dice a cada momento. Será muy cuidadosa en dejar muestras de amor. Se excusará siempre en la vergüenza si intentas que se implique públicamente contigo a la vez que logra que te creas un amor que de estar contándotelo un amigo no considerarías cierto. La necesitarás sin saber por qué. Se guardará mucho de entrar en tus círculos y te mantendrá en los suyos para asegurarse un control de la situación en todo momento, sin preguntas cotillas ni compromisos incómodos.

La misinda, como buena rapaz con cualidades estupendas para la caza y el mimetismo entre el paisaje, te mantendrá contento y feliz cada día incluso cuando ya se esté cansando de ti. Pero la tuya será una felicidad débil edificada con papel. Tarde o temprano encontrará a alguien mejor a quien exprimirle la ilusión por las buenas personas y entonces llegará la ruptura. Situación para la que seguirá siendo una auténtica maestra del escapismo. Llorará sin saber por qué, te dirá que está bien pero cuando le hablas sufre a la vez que te intenta exculpar de cualquier mal en ella, te confesará que no sabe si quiere o no verte,.. Te volverá loco planteándote, aunque sin pedirte que lo hagas, qué es lo que no funciona en lo que puñetas tengáis entre vosotros. No se atreverá a decirte un «se acabó» o «esto no puede ser». Al final lo que hubiera se habrá terminado el día en que tú hayas tenido que coger las riendas, quererte a ti mismo y decirle esas palabras, aún cuando haya sido ella la que ha provocado la situación sin saber el motivo. O al menos sin haber querido que se sepa.

La misinda es lo que otra gente llama «una mosquita muerta». Es fácil de evitar pero difícil de superar como la dejes entrar en tu mente.Te enganchará con su juego de una de cal y otra de arena ideado con mucha precisión. La misma precisión que utiliza con todos, porque ni serás el primero ni el último.

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