La posesiva

Hay quien puede volverte loco adrede fruto de un plan preciso, como la terrorista sentimental. También hay quien te puede traer de cabeza y sin apenas tener idea a pesar de su compleja mente, como la misinda. O incluso enfrascar en su amplia despensa de personal, como la coleccionista. Pero también puedes sufrir por buenas intenciones, aunque excesivas, como las de La posesiva.

La posesiva siempre suele aparecer en unas condiciones que invitan a pensar bien, a mera amistad, a sinceridad. Un novio que la lleva por el camino de la amargura flirteando con otras, un grupo de amigas en el que cada una va a lo suyo, unos padres que mete voluntariamente hasta en la sopa. La chica perfecta con el tipo equivocado, pensarás al principio. Pero es una amiga a la que respetas, aunque ella no lo entienda bien.

La posesiva empezará a verte más y más. A partir de un día dejará de mencionar a su novio tan canalla. Como si éste no existiese, de repente te verás metido en su casa y saludando a los padres que muy bien sabían de tu llegada aunque tú habías pensado que sólo entrábais a coger algo de abrigo. Encerrona. De manera que como os volváis a ver será la confirmación de que te estarás metiendo en la boca del lobo. Tendrás ya el visto bueno del patriarca y la matriarca.

La posesiva no se esconderá. Y cuando digo esto no me refiero a que tengáis que quedar debajo de un puente en una noche cerrada. Sino a que no esconderá sus sentimientos divididos de los que por supuesto también tendrá al tanto a su todavía novio que, anteriormente por otra casualidad muy bien ideada, te habrá presentado e intentado meter en el círculo. Porque ella eso de los dos gallos en un mismo gallinero nunca lo entendió. Estarás ya al borde de ir cuesta abajo y sin frenos.

La posesiva te enganchará. Cuando menos te lo esperes. En una de vuestras quedadas sin ausencia de castidad y santidad, te informará de que ya no está con su novio casi a la vez que te intenta hacer conocedor de una manera inequívoca y no hablada de sus sentimientos. Acciones seguidas obviamente de un buen rato de llantos y autoflagelaciones verbales que no tendrás más remedio que consolar como buenamente puedas, porque eres un caballero. Que Dios te ampare.

La posesiva irá siempre un par de pasos por delante. Aún no habrás vuelto a casa tras la primera vez que vuestras manos se hayan rozado, pero ella ya habrá elaborado el calendario de pareja de los próximos meses. Olvídate de perderte por el monte, de salir con los amigos, de irte de viaje si no va ella, etc. Le romperás los planes y eso será la segunda cosa que más le enfade, porque están también las fiestas.

La posesiva es celosa. Un viaje sin ella a un lugar desconocido puede llegar a entenderlo. Pero una noche de fiesta por la ciudad de ambos y sin que ella no pueda estar… es duro. Muy duro. Se conoce el pampaneo de los sitios de los que por supuesto piensa que están a rebosar de pendonas. Empezarán a llover los mensajes antes de que salgas, porque ella lo sabe todo y tus horas aproximadas de salida no iban a faltarle. Es buena analizándote e intentando predecirte. Los «Pásatelo muy bien; ya me contarás» tardarán poco en verse reemplazados por el «dame un toque cuando vuelvas». Sin embargo lo peor será conforme vaya avanzando la noche, porque los mensajes serán más largos, de tono pasional ideales para leer en mitad de la discoteca y que ella querrá que contestes en pocos minutos. Tardarás un rato en contestar a alguno o incluso se te acabará la batería y entonces habrás liado un gas que te costará resolver todo el día siguiente mientras lidias con la resaca. Por si querías caldo, toma dos tazas y un Espidifen.

La posesiva es extremista. Mientras dure la relación no podrás tener queja de lo muchísimo que te quiere. Un amor de madre en toda regla. Pero si la relación se acaba un día debido a que ella experimente ya unos grados elevados de posesión, no creas que será el fin de las historias. Se agenciará otro chaval en cero coma, para sorpresa tuya de lo muchísimo que te quería y los ochenta y seis mil cuatrocientos segundos del día que se pasaba pensando en ti. Y ni te saludará cuando te vea si va acompañada con el nuevo, que para suerte tuya será casi siempre. Aunque si te pilla sin él, prepárate, porque te volverá la cabeza loca hablándote de él y ametrallándote a preguntas de tu vida. Se tratará de excusar por no saludarte cuando va con el nuevo novio. Pero tú y yo ya sabremos que en su táctica habitual de crear compasión y acercamiento acostumbra a contarle su anterior vida sentimental a los venideros. Ya, aunque tarde, has empezado a predecir sus movimientos.

La posesiva cuanto más lejos mejor. Tus amigos no te creerán cuando vean que con novio no te conoce y sin él pareces su amigo gay. En esas coincidencias te insistirá a diestro y siniestro en que no ha querido a nadie como a ti. Ni a los tres anteriores a ti ni a los tres siguientes. Que precisamente a ti no te puede sacar de su cabeza. Te propondrá de veros más a menudo pero sin que pienses mal. Te cotilleará con cualquiera otra que vayas y cuando sienta que se acerca mucho a ti sufrirá de ataques de conciencia y querrá romper relaciones. Puede que te intente hacer de casamentera con alguna de sus pocas amigas. Alguna tan despistada que no se cosque del percal. Huirás si tienes dos dedos de frente.

Pero al tiempo reaparecerá y querrá volver a acercarse. Y así en un bucle infinito que encima te interrumpe tanto de cara a ti como al resto el que rehagas tu vida hasta que te decidas a que antes vas tú. También las hay buenas, pero ningún exceso es bueno.

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