Los calambres del agricultor

No es ninguna novedad que desde hace años para regar los bancales se utilicen motores que bombean el agua del pantano al sistema de riego. Sobre todo cuando se trata de riego por goteo, tan utilizado en la Región de Murcia a pesar de lo que piensen los cuatro manipuladores de turno recelosos de sus aguas de sus miniestados. Sin embargo hace años hubo un agricultor que sufría de unos calambres cada vez que iba a abrir o cerrar una llave.

Tenía este hombre su motor dentro de la típica caseta de riego. De esas por cierto con las que alguna gente empieza a hacerse su particular mansión de campo con licencia de cuarto de aperos. Pero resultaba que cuando iba tanto a empezar como a parar de regar sus tierras de aquella zona, sentía unos calambres, o como él mismo los llamaba: «un no sé qué muy fuerte por todo el cuerpo». La cosa era sospechosa, pues se le notaban las uñas de los pies bastante oscuras, como chamuscadas. El buen hombre decía con resignación que cada vez que iba a abrir o cerrar la llave de paso del agua se lo pensaba dos veces, que no tenía ganas de hacerlo porque sabía que le esperaría esa sensación, pero que no tenía más remedio si quería regar.

Así estuvo con esas agitaciones hasta que un día decidió consultarle a un electricista. Resultó que algún chapuzas de la vida, o quien sabe si él mismo, conectó la derivación del motor a la propia chapa del motor. Esta chapa, cosas que pasan en las casetas donde nunca todo encaja a la perfección, tocaba a la tubería del agua que miren por donde era metálica. De la tubería pasaba la corriente a la llave de paso y esta entraba en contacto con el agricultor cuando había que hacer uso de ella. Aunque lo extraño es cómo de largas llevaría el hombre las garras, no sé si al estilo de los de un águila harpía, que a pesar de llevar unas albarcas alguna derivación rara hacía con su cuerpo a tierra que le daba la corriente cada vez.

Desde luego que ese corazón tenía aguante y menos mal que no llevaba un marcapasos. Para que luego salgan en la tele anunciando chismes de electro-estimulación.

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