El tío del mulo

Este verano he visto bastante debate en algunos círculos acerca de lo idóneo o inapropiado de regular la presencia de perros en las playas. Pero hubo tiempos y no tan lejanos en los que un chucho era el animal más normal que podíamos encontrarnos. Tintoreras como la de este verano en Bolnuevo al margen, antes había quien se metía montado en su mulo.

Corrían los noventa en un soleado día por las playas de La Marina. Con una buena cantidad de bañistas, todo parecía marchar con normalidad, hasta que a lo lejos hubo quien empezó a divisar cómo un hombre se acercaba montado en su mulo. A lo mejor estaba dándose un paseo, debieron de pensar. Pero en realidad el perla quería más que eso.

Se fue acercando a la orilla a lomos del mulo. Tanteó el agua con unos paseillos remojando las pezuñas de su equino. Algunos bañistas empezaron a temerse lo peor entre risas y algo de mosqueo, y no fallaron. Por lo visto debía de tener calor el animal —el mulo también—, que el jinete de dudoso saber hacer se puso flamenco, bien erguido, y empezó a meterse más adentro, poco a poco, hasta que el mulo iba nadando entre los bañistas.

La gente empezó a abuchearlo con gritos de ¡fuera, fuera! Pero con la arrogancia del dueño y el agravante de que el mulo tuvo tiempo de hacer sus aguas mayores, el público de la función fortuita pasó del ¡fuera, fuera! a frases peor sonantes y que tuvieron que hacer pensárselo dos veces al elemento.

Ante tal semejante faena y en vistas de que el hombre llevaba las de quedar peor que Cagancho en Almagro, se salió y se perdió de la vista de los bañistas lo más rápido que pudo.

El niño grillado

Quizás ahora con tantos inventos electrónicos, los niños y no tan niños andan más entretenidos por casa. Inclusive cuando los padres los necesitan. Pero hubo un tiempo, más bien de siempre, en el que cuando la madre estaba guisando en la cocina los chiquitajos se empañaban, nos empeñábamos, en trastear todo lo que estaba al alcance. ¡Menudos salseros éramos!

Lo que hiciéramos con lo que encontráramos era asunto nuestro hasta que nos hiciéramos daño y entonces nos acordásemos de que teníamos madre. Tirarlo por el suelo, esconderlo, hacerle trastadas a los demás e incluso a nosotros mismos. Y raíz de estos juegos un día una madre se extrañó por ver que uno de sus hijos se tocaba mucho una oreja. Tenía algo dentro que le molestaba y que no conseguía sacarse. Al mirar ella, se encontró con que ese algo era del color de la piel pero empezaba a verdear.

La madre, en parte inocente y en la restante asustada, fue al médico con el hijo a ver qué le podía estar ocurriendo a su chiquillo. Pero lo que empezó como susto terminó en anécdota, pues lo que el niño tenía en el oído era un garbanzo que con el paso de los días y a base de baños había empezado a grillarse. Así pues, una ventaja que tienen las plei esteision de hoy día.

Adivinanza real

Había una vez un supuesto excelente deportista que estaba ennoviado desde hacía muchos años con una chica no menos excelente. Lo que en el argot del hablar claro se describe como «un pivonazo». Cualquiera podía calificar la relación como la de la típica pareja de la típica película de Hollywood. Hasta que como en la carrera de todo hipotético deportista de alto nivel, empezó a ampliar horizontes.

Entre esos horizontes figuraron varias olimpiadas en las que participó. Unas más sonadas que todas las demás porque fue en las que conoció a otra mujer, o mejor dicho, ella lo conoció a él, pues se trataba de una personalidad pública. […] (continuar leyendo)

El cucaracha

Cuentan que hace unos años hubo un bar en Madrid cuyo nombre aún existente no revelaré, al que solían ir unos compañeros de trabajo a comer con frecuencia. Buen precio y comida decente era el principal reclamo para esta gente. A pesar de que la dueña era un tanto cansaalmas.

Rara era la semana en que alguno de los días en que los colegas visitaban el establecimiento, la dueña y también cocinera no les interrogaba. Dónde habían estado el día anterior, por qué había faltado fulanito, que si es que acaso no les gustaban los platos, que si iban a ir al día siguiente,.. estaban entre su repertorio favorito de preguntas. Pero eso, dentro de lo que cabe, podía ser admisible. Después de todo, como también tenía que cocinar había también un hombre que era más discreto para la profesión de servir mesas.

Un día, en una de las pesadas chácharas de la patrona […] (continuar leyendo)

De aquí no me saca nadie

Hacía pocos días que había tenido lugar uno de aquellos Creamfields Andalucía que se celebraban en Villaricos. Concretamente era martes, cuando en el Ayuntamiento de Cuevas de Almanzora descolgaron el teléfono con una madre preocupada al otro lado del altavoz. Preguntaba por su hijo, del que sabía que se había ido al festival que era el sábado en Villaricos y no había vuelto a tener noticia. Ya a martes era lógico la preocupación de la señora.

La policía local se puso en marcha buscando al chaval desaparecido. ¿Cómo encontrarlo? Pues megáfono en mano se fueron recorriendo todas las raves posteriores al festival que encontraron. Por ninguna iban teniendo idea de quién sería fulanito de tal. Hasta que en una alguien dijo que le sonaba y a lo lejos se alzó un perla para indicar que era él.

El individuo al principio no atendió a muchas razones y no quería llamar a su madre para contarle que estaba bien. Tras mucho insistirle se consiguió que hablara con ella. ¿Y por qué de esta actitud? Porque según se supo, había ligado en el festival y por lo visto llevaba mucho tiempo falto de mujer, que se diría él mismo de aquí no me saca nadie. :mrgreen:

A la primera que amarra…

En un pueblo de Extremadura cuyo nombre prefiero no revelar hubo hace unos cuantos años una pareja de novios. De las de antes. De las que están largos años de noviazgo antes de decidirse a dar el paso final del sacramento del matrimonio. También de las que se hacen famosas por algún hecho sonado durante o después de su relación.

Tras varios años de relación, el novio le pidió matrimonio a la aún por aquel entonces joven muchacha. Sin embargo, ella entre que se lo pensaba y volvía a pensar, lo rechazó alegando que había sentido la llamada divina de dedicarse a la vida religiosa. Misma razón que explicó en su casa, donde la familia ya también esperaba a que contrajera nupcias. De manera que ingresó en un convento de monjas y de clausura. […] (continuar leyendo)

El profanador de tumbas

En la localidad de La Carolina aún hay quien cuenta la historia de un conocido vecino cuyo nombre mejor no continuar publicitando, pero con una historia que no tiene desperdicio.

En otros tiempos era costumbre enterrar a los difuntos con todas las joyas y alhajas. No faltaban tampoco por aquel entonces los ladronzuelos que se aprovechaban del descuido y qué mejor víctima que quien no puede defenderse. Los muertos. Así que de vez en cuando el protagonista de esta historia le daba vuelta al cementerio de La Carolina, de su localidad, en busca de algún nuevo objetivo. Una, dos, tres noches. Pero como todo lo gratis y fácil nos gusta, el individuo continuó haciendo de las suyas sin darse cuenta de que alguien ya se estaba coscando del asunto.

Efectivamente, […] (continuar leyendo)