Turismo de lata de sardinas

Medusa Cotylorhiza tuberculata. Alias «huevo frito»

Medusa Cotylorhiza tuberculata. Alias «huevo frito»

Otro verano en el que ya estamos metidos de lleno y los periódicos de la Región de Murcia con las noticias de marras a excepción de la prima de riesgo: las medusas y el Mar Menor. Como los otros días por ejemplo [laverdad.es]. Porque ni en el Palacio de San Esteban ni en la Asamblea Regional parece haber una sola cabeza pensante de esas que salen elegidas por las urnas que ni con toda su caterva de enchufados sepa encontrar de una vez por todas una solución para el Mar Menor.

El pasado fin de semana estuve borneando por Los Urrutias y la imagen lamentable se repite. Diría que hasta peor que algunos años. Haciendo algo de memoria bitacorera resulta que en 2009 lo importante eran los chiringuitos y reemplazar baldosas, en 2010 las babosas, en 2011 los nutrientes y las ramblas y ahora en 2012 los barcos que rompen redes y los delincuentes que roban el plomo que las anclan. Las excusas que se le ocurren a las diversas administraciones para distraer la atención del ciudadano no tienen límite.

No pongo en duda que este año las redes hayan sufrido roturas gracias a los nenicos y a alguno ya con pelicos por donde se sopla y no suena con comportamiento de crío. Pero eso ha pasado otros años e incluso acciones más perjudiciales como el robo de redes en 2011 [laverdad.es]. Lo que los encorbatados no dicen es que este año se les ha pegado el arroz para comenzar la extracción de medusas con barcos. Todo ello a pesar de que no ha sido ningún secreto que desde el comienzo de verano se están viendo más que otros años por el Mediterráneo. Sin embargo aunque las medusas puedan parecer las malas de la película ellas colaboran en el filtrado del agua del Mar Menor a pesar de que a ninguno nos guste bañarnos rozándonos con ellas. Porque además también las hay distintas de las huevo frito, como las blancas, que al que pillen se acuerda. Aunque lo fácil es echarle las culpas a ellas y punto.

Pero desde hace muchos años se sabe que al Mar Menor desembocan ramblas que arrastran fertilizantes de los campos, como la de El Albujón, que las embarcaciones a motor provocan también lo suyo con los escapes de aceite, que los espigones que por un lado ayudan a que la playa conserve la arena dragada por el otro favorecen el estancamiento de las aguas, que algunas aguas residuales se siguen vertiendo sin un correcto tratamiento previamente, etc. Incluso quien dice recordar que La Manga tenía siete golas y que el agua se renovaba mejor que hoy. No obstante mientras la pelota bota entre el Ayuntamiento de Cartagena y el de San Javier, Comunidad Autónoma, Demarcación de Costas, Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y por supuesto ecologistas, el Mar Menor sigue sin mejorar. Con más expertos cada día pero las mismas o incluso menos soluciones que antes. Y es que los ayuntamientos tienen que mantener las playas limpias pero es costas quien toma las decisiones y quien se supone que tiene que pagar el coste de las limpiezas. Sin embargo la Comunidad Autónoma también tiene parte de su responsabilidad. El Ministerio ya ni se diga, que por mucha división de poderes alguna responsabilidad tendrá. Y no me olvido nunca de los ecologistas, un colectivo curioso que como el de los políticos alberga mucho holgazán y oportunista.

Sin embargo es cosa de todos. La otra tarde iba corriendo por Lo Poyo cuando en un cruce con dos señores mayores les escuché decir señalando las extensiones hasta donde les llegaba la vista: «entonces aquí van dos campos de golf». Pensé entonces en el gran error que cometemos los murcianos con el turismo. De donde no hay no se puede sacar y a una laguna salada que está bastante castigada por los disparates que hemos consentido no le podemos pedir ahora que sea insignia de turismo de calidad. Creo que cualquier persona sensata no querrá otro club náutico acumulando porquería junto a los espigones y los pantalanes.

Al fin y al cabo el estado del Mar Menor y la manera en que las supuestas cabezas pensantes que nos dirigen tienen de administrarlo es un símbolo más del mejor turismo que saben llevar a cabo. Un «turismo de tienda de campaña y lata de sardinas» —como diría un familiar.

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