Badoo y sus tribus

Tres semanas de duración tuvo la oportunidad que le di a Badoo. No me busquen porque no me van a encontrar ya. Ni a mi ni a lo que pudiera haber sido ahí. Porque Badoo se supone que está hecha para conocer gente. Finalidad que nunca se ha ocultado a pesar de ser famosa por parecer una discoteca, con los satélites —hombres al 99%— rodeando a las buenorras del lugar, o que se lo creen, y las demás pues de marginadas a excepción de algunos buitres en busca de la presa débil. Por ejemplo, en el estado del «quiero» ofrece una lista que parece interminable pero acaba repleta de cursilerías o eslóganes de facilona.

Al público femenino sé que no le sientan nada bien este tipo de entradas en el blog, pero para poder opinar con criterio de algo es necesario haberlo conocido. Aunque sea haberlo intentado. Todo surgió fruto de una de tantas bromas e ideas que tengo con un grupo de amigos. Sin ánimo de lucro ni subvención de los políticos de turno por cierto, hacemos de observatorio social. En este caso hemos tratado Badoo, por ser de las redes sociales en su especie más longevas y por no pedir dinero por todo, a pesar de que cada día van cerrando más el cerco de lo gratuito.

El cómo funciona no es ningún misterio. Chicos y chicas, e incluso algún adulto, se registran con una descripción, intereses y sobre todo fotos y compartir la lista de contactos. ¡Cuantas más fotos y contactos mejor! ¡Que viva el spam de Badoo! Sin olvidar de que las fotos podrán ser votadas, por lo que es importante poner cara de muñeca hinchable, sacar músculo, lucir pechugas y que no se note el paquete en el caso de los travelos. Los cuales por cierto aparecen como níscalos en la serranía de Cuenca. Y una vez cumplimentada toda la información solicitada y expuesto un capazo de fotos, que Badoo indique que el perfil está completado al 100%, es el momento de buscar gente en el caso de ser hombre o preparar el capote o la espada las mujeres. Aquí empieza la parte divertida.

Permite encontrar gente cercana basándose en la posición que puede obtener de manera automática o en una localidad indicada manualmente. Uno se puede imaginar ya en en una discoteca de varias plantas, con doscientas chatis conectadas a la aplicación móvil —que no hace falta llevarse un portátil— y en busca de magra con estados y fotos que no dejen lugar a dudas. Quiero ir al aseo con un chico, quiero que me lleve a casa previo paso por un descampado un chico, quiero invitar a barra libre a un chico,.. De eso nada, que los estados son predefinidos y la realidad es que se saltará las características concretas de búsqueda que se le hayan indicado. Con suerte atinará a ofrecer género de la localidad más cercana. Gran parte no accesible por ser de reciente registro o estar saturado a mensajes, excepto si se paga, y del que sólo se podrá contactar con veinte titis. Salvo que se pague todavía más.

Un sacaperras. Pero también tiene la opción de jugar a «encuentros», donde van apareciendo fotos de chicas y se cambia de una a otra respondiendo si se quiere, quizás o no conocer. Un invento que impresionará de primeras. «¡Buah! Aquí me meto el próximo sábado por la tarde y de las cinco mil zagalas acerca de las que voy a responder fijo que cincuenta me dicen que sí ¡y triunfo!». Pues no. Porque tal juego tiene un límite diario de cien visualizaciones y el resto pagando, además de que a quien se responda no podrá saber el interés excepto si paga o se alinean los planetas, te ve a ti y también responde que te quiere conocer. Vamos, que sin pagar está tirado, de complicado…

Ahora es cuando quien haya encontrado al amor de su vida o a su novia de hace un par de noches a través de Badoo me dice de todo y me intenta descubrir que gratis también es posible dar con gente. Por supuesto. ¡Y qué gente! Porque con veinte oportunidades diarias ya puede llevar uno los intentos bien planeados. Algo así como a estar de fiesta y sólo poder presentarse a las chicas de grupo en grupo de amigas. Si se mete la pata con un grupo ese ya se descarta entero, lo que en términos de matemáticas suponen un montón de posibles potenciales intentos menos. Pues aquí es parecido por lo del número reducido. De hecho, sin haber pagado un céntimo, se pudieron llegar a distinguir varios prototipos de mozas, que es lo que los hombres están deseando leer. Por cierto que de hombres son dos (los cachas y los tímidos). Yo tenía mi grupo independiente.

Las divinas. Las más famosas sin duda. Es complicado poder llegar a distinguirles bien la cara entre las gafas de sol de esas gigantes, que si se les rompe la luna del coche no hace falta que les corra prisa cambiarla, los morros recauchutados en algunos casos e innumerables capas de maquillaje. Sin embargo sí que se les suele distinguir bien un canalillo canal ya sea por innovaciones de la medicina o la ingeniería del sujetador. Y no olvidar la casi nula descripción en cuanto a texto se refiere, que puede ser peor leerlas que escucharlas.

Las que se creen divinas. Son la versión quiero-y-no-puedo de las anteriores. Más maquillaje aún, reemplazando el efecto del sujetador con las propipas manos mientras de fondo se aprecia gateando al crío y con un biquini sin forro porque lo creen más molón que las bragas blancas del puesto de la gitana del mercadillo. Y ojo que esta versión se puede confundir con la de la choni.

Las chonis. También llamadas jessis. Tienen mil y una variantes como la techno-jincha amante del gitaneo y el hard-core, la gitanaca que sólo acepta gitaneo y rumba, la punkarra carente de feminidad que bebe más litronas que su punkarra macho, etc. Son las más fáciles de caracterizar por sus textos en letras de colores chillones que van cifrados con inimaginables faltas de ortografía para que sólo los machos alfa de sus tribus puedan aspirar a conquistarlas. Por si acaso las identifican otros detalles como llevar pantalones para entenderse con sordomudos, posar siempre con cara de intentar parecer mala, rayas de los ojos hasta las orejas, pelos que llegan a albergar parques protegidos naturales,.. Depende ya de la variante concreta. Hay quien las llama fauna por la respuesta similar a la fauna de la sabana que suelen tener ante casi cualquier situación.

Las mosquitas muertas. Parecen el único tipo normal. Pero mucho cuidado porque en su interior tienen almacenadas infinitas paranoias mentales acerca del sexo masculino y están aguardando a que aparezca el primer valiente para intentar liberar la gran carga que les producen. Cómo identificarlas es complicado, muchas parecen totalmente inofensivas, víctimas de una sociedad que no las comprende,.. Cualquier hombre astuto tendrá un sexto sentido que le alertará a tiempo.

Las mandonas. Se podrían llegar a llamar también intelectuales, pero no sería apenas cierto. Se comen mucho la cabeza también como las mosquitas muertas, pero con un especial resentimiento hacia los hombres. Suelen tener muchos estudios, presumir de trabajo y estar independizadas. Se creen que saben lo que quieren, cuando y como, que pueden manejar al hombre a su antojo. Pero volverán a caer una y otra vez prendadas de alguno y se enfadarán consigo mismas. En cuanto a fotos acostumbran a manifestar cara de mala leche pero profunda, no como la de las chonis que intentan sólo parecerlo. Estas logran también serlo.

Las pijas. Uno de los grupos más famosos sin duda alguna. Lo más importante de sus fotos es que se distingan bien las marcas y que el entorno de la foto parezca pijo. El detalle de si no llevan nada en la mano porque se hacen la foto desde la entrada intentando dar el pego no importa. Son algo así como las que se creen divinas. Aunque ojo, que este grupo tiene la variante de la pija-rica, con la misma escasez de neuronas pero con dinero y cuya totalidad de las fotos parecen de estudio. Por algo insisten en la descripción que son fotos reales. Lo retocadas que estén las fotos o el maquillaje que sólo salta con decapante no lo consideran ellas apreciable. Otro detalle que las identifica fácilmente es que les encanta indicar en lo que buscan que son sinceras, que sólo buscan conversación, que la belleza está en el interior y demás frases que se estudiaron en alguna fotonovela de esas de la SuperPop o la Vale.

Las resentidas. El grupo con menos fuste de todo Badoo. La única manera de identificarlas es porque ponen fotos de alguna más que conocida actriz o porque en cada foto sale una famosa diferente. Se desconoce a lo que aspiran.

Travelos. Seguro que hay transexuales que como cualquier otro usuario llevan sus intereses con mayor o menor normalidad. Pero los travelos son algo así como las divinas de la mariconería. Incluso enseñando más e imitando a la perfección el rostro de una muñeca hinchable si se obvia la sombra de la barba y las manos de leñador. Hay variantes como los pijos y los cutres. Los primeros han visitado al bisturí y al taller de recauchutado bastante y se buscan vestidos que les queden a medida. Los segundos no se han quitado ni la pelambrera de las piernas y la mayoría de los casos apuntan a bromas de amigos aprovechando algunos carnavales para cachondearse.

Pero se trate del grupo que se trate, la conclusión con Badoo es que se trata de una red repleta de gente —o simples registros— materialista que con o sin reconocerlo, su actitud le delata. Que me parece estupendo por la gente que deja claro a lo que va, pero lamentable por quienes intentan engañar a alguien y sólo se acaban engañando a sí mismos. De hecho de varias centenas de conversaciones iniciadas, casi todas visitaron a a los pocos minutos el perfil, por lo que cuenta se dieron del mensaje, pero sólo cuatro llegaron a contestar algo y dos mantuvieron la conversación en una segunda ocasión.

Sin embargo también entiendo su existencia, porque en otras redes, sociales al fin y al cabo como Facebook, Twitter, Google+ y demás, hay gente mucho peor e hipócrita, que borracha por la noche no se le escapa un trasero que palpar o un escote que examinar pero en Internet se la da de que se la agarra con papel de fumar. Tanto hombres como mujeres. Así que entonces ¿en Badoo no hay gente normal o en las redes sociales más famosas es mucha la gente que miente? Ya escribiré otro día sobre las pájaras que merodean por Facebook y Twitter.

2 pensamientos en “Badoo y sus tribus

  1. 🙂
    Y después de una sonrisa graciosa va el comentario…

    ME MEEEEOOOOOO!!!! Jajajaja q gran post!!!!
    Un día si quieres te cuento mi experiencia en Badoo q lo flipas!!!!
    Y mira q re escribo comentario público, en un blog público, con nombre, apellido, web y foto!!
    En mi caso, comenzó pq no me quedo más remedio: escribir un monólogo sobe relaciones y/o quedadas por internet.

    Fruto de varios meses de “trabajo” salió Love That Jazz…

    Mi monólogo comienza más o menos así (está registrado en prop. intelectual… jaja)

    Vampijazz, 30 años, morena, delgada, no fumo y bebo sólo en ocasiones.
    Con pareja (bla bla)
    Sin hijos (bla bla)
    Estudios Universitarios
    Ingresos normales (bla bla)
    Y estoy aquí para conocer gente interesante, que comparta mia aficiones
    y lo que surja…

    Después del estreno seguí con la pág, mñasq nada pq como estudio de reacciones humanas me venía de perlas y además… ainsss sé q me porté fatal, pero… no veas la de público que conseguí llevar al teatro…

    INCREIBLE!!!! Ponía MIS FOTOS En el teatro, hasta el cartel publicitario puse Y LA GENTE ME ENTRABA A SACO!!!!!!!

    Por no hablar de las no conversaciones q tuve, los tipos raros…
    Eso sí, aprendí mucho muchísimo de la soledad humana.

    En fin, cambié las fotos y no sé si hasta sigue la pág por ahí y todo!!!

    Fue una experiencia, como todo en la vida.

    Peeeero, ppdría hablar mil cosas de esa página, tanto, como para q la cerraran por ABUSO de todo tipo.
    Además de actriz, estudié Derecho, tengo 45 años, estoy formada, casada, la cabeza bien puesta.
    Lo q pude ver en esa página es de juzgado de guardia, y no por lo q tratan de buscar sino por la falsedad enorme
    Eso sí, yo nunca tuve que pagar nada para tener la pág y hablar con quien me daba la gana

    Ha sido divertido leerte, te lo aseguro

    Saludos y enhorabuena por un gran blog de opinión el tuyo
    A

  2. Hola. En primer lugar muchas gracias por el comentario. Confieso que me esperé para tener un momento de inspiración de mala leche cartagenera para escribir la entrada. Pero también que como tú dices haber probado, lo que hay ahí dentro es sorprendente.
    Me ha gustado lo tuyo porque refleja la vivencia desde el otro punto de vista. El de la posible víctima acechada por la fauna jajajaja :mrgreen:
    Te seguiré la pista en Twitter a ver qué vas contando.
    Un saludo.

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