Apodos con mala leche

Un apodo, mote, alias,.. nunca suele sentarle bien al sujeto al cual se le pone. Pero dentro de las posibilidades siempre los habrá con una mala leche y/o estupidez destacable y sin que les falte un artículo determinante delante. Además de que en todos los colegios se crean con mucha holgura, en los pueblos y localidades pequeñas suele ser donde estos perduran incluso de generación en generación. Y para muestra unos ejemplos:

  • Los risas. Aplicado a los descendientes del ya difundo abuelo que padeció de una parálisis facial que le afectó a la boca. Ésta le provocaba el gesto en el rostro de como si se estuviera riendo.
  • El asesino. Utilizado para referirse a un huerto en el que hace muchos años alguien fue asesinado. Pero como el huerto del asesinado sonaba raro a los chismosos, hicieron ese cambio de apariencia insignificante pero de aparente cambio de titularidad de la propiedad.
  • Los muertos. Delicado apodo donde los haya, para aludir a una familia de la que cuentan los corrillos que un antepasado iba en el ataúd del cortejo fúnebre hasta que empezó a golpear el féretro. Tuvo suerte y se salvó aquella vez cuando otros muchos acababan arañando sin éxito el interior de caja. Eran otros tiempos, sin las 24 horas de espera que ahora vemos tan normales.
  • El millones. Sencillo y burlón. Asignado a alguien que estuvo durante un tiempo prometiendo el oro y el moro por algo tenía entre manos y que terminó en agua de borrajas. Todo difundido como los sacabarrigas de toda la vida.
  • El cacas. Despectiva manera de llamar a un chaval del colegio porque por su color de piel y facilidad para sudar, parecía que siempre estuviera lleno de la llamada roña. Los motes ente críos, siempre de los más crueles.
  • El bibi. Originado en una pelea entre adolescentes. El que salió más perjudicado acabó en el suelo, el protagonista del aún inexistente mote le tendió la mano para ayudarle a levantarse y eso fue visto como un acto un tanto homosexual por los demás. Al correr los tiempos del boom mediático de Manuel Fernández, más tarde Bibiana Fernández o Bibí Andersen, le calló ese apodo en gracia.
  • El tenientrillo. Apellidarse Trillo, tener una forma de ser dicen que especial y ser poco agraciado en la estatura le costó tal apodo al cartagenero Federico Trillo-Figueroa mientras impartía clase en la Escuela Naval.
  • El nemo. Motivado por una notable atrofia de una mano, con menor tamaño que la otra, le costó a un hombre este desafortunado y bastante cruel mote.
  • La muñeca de Famosa. Causado por un problema de origen desconocido, que le producía a un profesor que cerrase los ojos cada vez que levantaba la mirada entre los alumnos. Un efecto similar al de las muñecas de toda la vida cuando se les ponía en pie.
  • El putero. Ideado hacia un docente que siempre llegaba un rato tarde a clase, con los faldones de la camisa medio por fuera, reloj chapado en oro a juego con la cadenilla que le sobresalía por llevar más botones desabrochados de la cuenta y todo con mucha prisa. Por supuesto, las clases también terminaban antes de lo previsto y a los de alguna no promoción no les explicó más allá de la mitad del temario o les demoró la corrección de un examen tipo test de diez preguntas hasta en dos meses. Nadie supo nunca exactamente en qué fregados andaría, pero daba el pego bastante…
  • El profesor-colega. Éste no es único y nada ofensivo. Es muy conocido para describir de manera abreviada al típico profesor que se presenta entre risas, alardea de querer ser el profesor que nunca tuvo, insiste en que se le llame por su diminutivo, que ya ni su nombre, invita al debate entre alumnos,.. Que cae genial hasta que pone un examen, siempre de ideas felices, y en la revisión trata al alumnado como si nunca hubiera visto a ninguno.

Ya habrá más recopilación.

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