Casándonos con la compañía del móvil «por si acaso»

La otra noche estaba tomándome por La Latina un pisco sour que un amigo pidió en recuerdo de su temporada por Perú, cuando salió en la conversación el tema de la caterva de tarifas de telefonía móvil que la gente tiene contratadas y hasta qué punto son necesarias. Por supuesto suponíamos el caso del típico particular cuyo sueldo, y posiblemente tampoco su vida, le va en el móvil.

No importa que Movistar llegara no hace mucho a cuestionar públicamente la necesidad de eliminar las tarifas planas de acceso a Internet tal y como se conocen actualmente. En el asunto de la telefonía móvil cada día se ofrecen velocidades mayores junto a paquetes de más Megabytes, cuando no Gigabytes. Hasta aquí todo parece útil, pero mi compinche y yo nos cuestionábamos la utilidad que realmente le da la gente. Sobre todo cuando estas tarifas, bien debido al mismo por si acaso del que cualquier aseguradora se aprovecha, bien impuesto en el acuerdo cuasimatrimonial que la operadora impone, son contratadas junto con otras cuantas no siempre de necesidad real.

Con necesidad real nos referíamos a que sin ellas el coste de cada mes nos salga por un ojo de la cara, no a que pues ya que o de paso el Manolo llame a la Manola cada hora para que ella no descubra al culpable del calcio que comienza a acumular en dos bultos en la frente, la María haga repaso diario de los cotilleos de su círculo de zompas particular, usar YouTube desde móvil en casa por pereza a levantarse a por el portátil conectado a 50Mbps de fibra óptica y demás ejemplos que cada cual se imagina.

Si alguien no cae en ninguna amistad que sirva de ejemplo, como pista puedo revelar que en no pocas veces estos usuarios coinciden con los guays de ahora que no conciben su vida sin su smartphone vinculado a una cuota mensual, que no consumo, de 50€ como mínimo durante a veces hasta 24 meses. No obstante ello no impide que antes de ese tiempo haya un caro, que no necesario, divorcio con la compañía a cambio de una generosa sanción económica y contraer matrimonio con otra para aspirar a un terminal con una carcasa más brillante y delicada.

En resumen, estas prácticas están convirtiéndose en un mecanismo retroalimentado ideal para las compañías que así se aseguran un ingreso mínimo y fijo cada mes, mayor que hace unos años. Hay gente que sólo contrata una tarifa de datos y sabe exprimirla de manera formidable, como otra que sin una sola necesidad más contrata una de datos (y si es bien grande mejor aunque sólo se escriban mensajes), una de mensajes de texto (para los amigos no baratos) y otra de voz (para ser los primeros en ofrecer su móvil cuando alguien necesita llamar y decir con una sonrisa «tengo tarifa plana»). Ya saben, hay gente pa to.

2 pensamientos en “Casándonos con la compañía del móvil «por si acaso»

  1. Yo fui uno de esos gilipollas que tan bien describes, pero atiende, ahora me quedo el smartphone y me voy a una de esas baratas y dejo esta rueda.

    Por que esta rueda es solo con las 3 grandes no¿?

  2. ¡Festivamente! Parte del atractivo de las pequeñas lo componen la mínima cantidad posible de cuotas fijas, por lo que favorecen al cliente que hace un uso normal del móvil (lo que se ha entendío siempre por normal).

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