El asunto de los numeros clausus dicen que es de las maneras más justas para seleccionar quien accede a las titulaciones con límite de plazas. De acuerdo. El que sea muy listo o muy aplicado tendrá unas buenas notas con las que poder entrar a la carrera que le dé la gana —actualmente eso es de un 9 para arriba, ojo—, y el que es tonto o vago tendrá que conformarse con donde sus notas le dejen matricularse. Aunque luego todos conocemos casos de gente con buenas notas que se meten a estudiar algo por la fama que tiene y que acaban dejando, al igual que otra que entra en la última en la carrera pero se le da genial y luego es un buen profesional. De todo hay en todos sitios. Sin embargo hay algunas cosas que no entiendo de esto del acceso a la universidad.
Los redondeos. Te tiras los dos últimos cursos de instituto en algo llamado Bachiller, que antes por cierto era más largo y enseñaban más conocimientos con los que llegabas a la universidad mejor preparado, en los que las notas de cada asignatura te las tienen que redondear a un entero. No valen decimales. Tienes en tal asignatura un 7,5 y según el profesor que sea te lo redondea al entero superior, un 8, o directamente lo trunca y te deja un 7. Y así en otro montón de asignaturas, a lo largo de esos dos cursos años, para que luego se acuerden de la exactitud y los decimales cuando acabes el instituto y se pongan a calcular la media de todas las asignaturas. Esto choca con selectividad donde a la nota de cada examen se le respetan sus decimales. Si en el instituto has tenido profesores tipo buena persona tendrás una mejor media que si te han tocado unos cuantos amargados que se creen que van a espabilar a la sociedad por redondear las notas al entero inferior. La exactitud en las notas debiera respetarse desde primero de bachiller, por eso de que todos seamos iguales y patatín patatán.
Las repescas. Las hay, y es lógico puesto que como no sabes a ciencia cierta en donde te van a admitir pues pruebas varias carreras y/o varias universidades, así que si quedan huecos libres se mira de la lista de espera que haya. Ahora bien. Están las repescas cuyas fechas se anuncian con buena antelación y se publican en varios lugares, y la repesca última que según la decencia de la secretaría de la escuela o facultad se anuncia sólo en el tablón de la puerta y de un día para otro. ¿Y qué pasa entonces? Que de esa última repesca que sale casi en petit comité se enteran cuatro gatos, y cuantos menos gatos haya además de yo pues más probabilidades tendré yo. Esto es ni más ni menos que el asunto de cubrir las plazas reservadas para discapacitados, deportistas de élite, extranjeros,.. y demás que puedan quedar desiertas […] (continuar leyendo)