El sol y los pellejos

El sol y los pellejos Estos días de estudio por la biblioteca me he acordado de esa manía de las mujeres de ponerse morenas. Los hombres también las tenemos, sobre todo con las modas metrosexuales y los hábitos propios de los chulo-playas y chulo-piscinas de toda la vida.

Pero he visto ya a unas cuantas chicas que van tan contentas luciendo moreno, a estas alturas que aún queda medio junio y todo julio, agosto y septiembre. Y parece que muchas no conociesen de los riesgos de abusar del sol. Porque ya no es cuestión de sólo andar con ojo de no quemarse y ya está. Sino que la piel tiene memoria, y al margen del cáncer de piel luego con el tiempo, y con la edad, ésta se va arrugando y el sol es precisamente un buen amigo de las arrugas. Puede sonar a extraño, pero seguro que cualquiera habéis visto uno de esos llamados «canalillos» de chavala de entre veinte y treinta años arrugado pero ante todo bien moreno… 😆  Allá cada una y su ansia de presumir de moreno.

Imagen → soaking up the sun [Flickr de *hoodrat*]

¡Y se casó el primero!

Petardo de traca Hace ya nueve días que se me casó, se nos casó, el primer amigo. Parecía que era tan solo hace unos días cuando íbamos a confirmación los sábados por la mañana para luego a la tarde darnos una vuelta y quedar para la noche, cuando nos juntábamos un montón en las míticas noches del Cartagonova o en alguna plaza pequeña para después intentar entrar a El Quijote, local de moda por aquel entonces al que acudía toda Cartagena. Y cuando llegaba el verano nuestros planes se trasladaban al Puerto de Mazarrón, aunque también alguna Semana Santa, repartiéndonos por las casas de los que allí veranean para darnos baños en la playa de El Puerto y luego salir por Playa Grande —Bali Hai llegó luego más tarde 😆 —, y alguna que otra barbacoa por Portmán también y lo que queda de playa por allí.

Pero sobre todo parece que fue hace nada cuando fuimos un par de nocheviejas a la fiesta del Jardín Botánico, que se puso muy de moda un par de años, en las que veías a casi cualquiera que conocieses de la ciudad, incluso de fuera también. Creo que fue más o menos por aquellas fechas cuando este amigo se nos ennovió —seis o siete años de eso— con quien ahora ya es su mujer, y él su marido —igualdad ante todo :mrgreen: —, y casualidad que el convite de la boda lo celebraron en el mismo salón de celebraciones que aquellas nocheviejas después de una ceremonia muy emotiva en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen y unas cuantas sorpresas que les preparamos los amigos, que no los dejamos apenas cenar después.

Así que ya tenemos los demás la prueba de que estamos en edad de casorio e independizarnos con una en una casa para que los amigos vengan a montarnos fiestas y ver muchos partidos. A ver quién es el próximo valiente… 🙄

Los médicos están perdiendo poder

Con lo violentos que se ponen muchos familiares cuando «el papa» se les muere, que aunque el hombre estuviera ya mal del corazón, con un cáncer de pulmón y otro de colon… nada, la culpa es del matasanos que le tiene manía por no ser payo.

Con la moda de hoy en día de denunciarlos casi por cualquier cosa y estar dudando de sus buenas intenciones a cada momento, como si tuvieran ellos una especie de ranking secreto de a ver quien se carga a más pacientes.

Con los sabelotodo, en constante apogeo a día de hoy gracias a fuentes de información como Internet, que a pesar de no haberse tragado seis cursos de medicina ni por supuesto otros varios de especialidad, dudan de que el médico pueda saber todo lo que ellos creen saber de medicina. […] (continuar leyendo)

Las mujeres y las obras

obra¿Nunca os habéis parado a observar ese ansia por hacer obras que tienen las mujeres?. Es algo así como si tuvieran un acuerdo secreto con las empresas de reformas y con algunas que mejor denominar de chapuzas. Sobre todo las que son madres y en especial cuando están en edad de tener nietos. Es algo muy fácil de notar, sobre todo justo después de despedir a visitas o al volver de haber visitado a alguien.

El ansia de las abuelas es superior con creces a las de las que sólo son madres. Las abuelas pueden llevar ya veinte años, o más, deseando cambiar la encimera, la puerta del patio, el suelo, el lavabo,.. Tirar algún tabique para agrandar el salón o incluso poner unos cuadros que tengan de cuando la boda. Pero con ellas también los ñapas han de andarse con ojo, que tienen más tiempo libre para vigilarlos e ir recordándoles las indicaciones sobre la marcha. Por ello son las clientas más frecuentes pero también las más difíciles de contentar, que ellas ya tienen que ir cogiendo inspiración para que se les ocurra otra futura obra. […] (continuar leyendo)