«Haberte quedado allí»

Estábamos esta noche pasada en las inmediaciones de la Iglesia de Santa María de Gracia esperando a cantarle la salve a la Santísima Virgen de la Piedad, cuando uno de mis amigos ha tenido un breve pero curioso diálogo con una chica cercana de estas de acento finolis repelente:

—Es que los de aquí sois unos paletos —le ha dicho ella chulamente a sus amigos.

—Gracias por la parte que me toca, ¿y tú de donde vienes? —le ha dicho de repente mi amigo.

—De Madrid.

—Pues haberte quedado allí.

Todo sea dicho se lo ha ganado a pulso la moza, a la que hemos apodado de inmediato la rayos uva o la enlucidora dado el moreno que llevaba en el rostro, que no estaba muy claro si era de abusar de tomar el sol en una habitación o de llevar un par de dedos de maquillaje intentando disimular lo feica —como decimos en la Región— que era de por sí.

Si es que un buen rato antes estaba apuntando maneras la zagala presumiendo ante sus amigos que si su padre era patatín patatán y que manda en las fuerzas de la OTAN, aunque no tuviera ni puta idea de que Santiago Apóstol es el Patrón del Ejército de Tierra y se pusiera a dilucidar sobre que el motivo por el que en Martes Santo el apóstol sale del Gobierno Militar es debido a algo del Antiguo Testamento. Algo similar trató de explicarles a sus amigos con San Juan, la artillería antiaérea y el Antiguo Testamento por supuesto también, porque por muy hija de militar que se las diera no sabía ella tampoco del origen de sacar en procesión el San Juan californio desde el Parque de Artillería, demostrando ya de paso que ni de religión católica tenía idea.

Ya lo decía uno de mis abuelos: «de donde no hay no se puede sacar».

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