De la madrugada del sábado al domingo hasta la noche del lunes volvieron las lluvias por Cartagena, y con ello las inundaciones. Si bien es cierto que la Rambla de Benipila —gracias Vicky por hacer unas fotos y compartirlas 🙂 — no volvía a lucir así desde octubre de 2000, costando la vida a una mujer que nunca apareció, esta vez volvió a llevar un abundante caudal de agua y las inundaciones se sucedieron por toda la comarca del Campo de Cartagena y resto de la Región.
Por las ramblas es obvio que cuando llueve circulen torrentes de agua, para eso están. Pero lo que no es normal es que aún, a estas alturas en las que queremos presumir de ciudad peatonalizando calles, redistribuyendo otras como la Calle Real cambiando de lugar un carril de circulación porque sí y reduciendo las plazas de aparcamiento —que tenga negocio el de la Plaza del Par— o aumentando el tamaño de las aceras y quitando árboles por otras como Ángel Bruna que no registran nunca un caudal tan grande de personas que necesiten unas aceras tan anchas —jugada que suena a venganza por no dejar los vecinos que se hiciera un aparcamiento subterráneo—, sigamos padeciendo este tipo de inundaciones.

Hace una semana 