La feliciana atormentada

No domina los tiempos ni la oratoria como la misinda. No parece tan sospechosamente ocupada como la coleccionista. No necesita como la posesiva. No piensa en todo como la calculina. No es una reina de la estrategia como la terrorista sentimental. Ha tenido un pasado terrible del que ha salido gracias a algo en torno a lo que ahora gira su vida. Es la feliciana atormentada.

La feliciana atormentada, y esto es de agradecer, no desembucha de primeras su pasado ni estilo de vida. No agobia. Aunque se muestra distante y únicamente da que sospechar el hecho de que parece que intenta protegerte de algo y que va bastante a su bola. Pero la suma de tu curiosidad con la de su confianza, bastante rápida, irá descubriendo el pastel.

La feliciana atormentada alardeará de tener un pilar básico, que bien puede ser la religión, que te predicará mejor que un sacerdote recién salido del seminario. Esto le aportará un voto extra de confianza que se puede convertir en una debilidad para ti, porque confiar en algo inestable que aún no conoces se puede volver en contra de tu propia estabilidad.

La feliciana atormentada acabará desembuchando las mil y una maldiciones que han atormentado su pasado y que, gracias a Dios, ya no están. En realidad se le pueden escapar algunas otras ayudas, como la ciencia o algún que otro pobre diablo, pero eso poco importará, porque sabrá describirte un pasado de desgracias, lleno de crueldad y canallas digno de canción popera para adolescentes.

La feliciana atormentada no sólo compartirá lo malo. También te contará lo bien que le van ahora las cosas y los planes que tiene gracias a Dios, del que te dirá que no existe nada mejor que él. Posiblemente no sepas por qué dudar de alguien que aparentemente lo ha pasado tan mal y a quien Dios le ha ayudado a salir del pozo, pero podrás estar alerta y quizás no equivocarte.

La feliciana atormentada vivirá en su mundo de felicidad y poco le importará el de alrededor. Alguna muestra tendrá de que le interesa qué tal te va, pero pronto saltará a hablar de ella, porque poco más le interesa que no sea ella. Aquí ya algo debe olerte a cuerno quemao.

Así pues, a la feliciana atormentada podemos verla como a una víctima de un pasado que intenta protegerse en el presente, para no recaer. Sin embargo hay que tener cuidado, porque en esa especie de egoísmo autoprotector puede llevarse por delante a todos cuantos se le crucen y no obrando para nada como se supone que Dios quiere que cualquier siervo obre. Y lo peligroso no es tanto el daño que nos haga, sino el escepticismo que puede dejar su recuerdo en nosotros hacia las personas que estén por venir.

 

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