En los últimos meses con motivo de algunos viajes a Madrid me he ido acordando de cuando de pequeño me hinché a viajar en el Talgo. Porque Renfe podrá llamar ahora a estos servicios que si Altaria, Alaris, Alvia y no sé cuantas formas más, pero en Cartagena a este se le llama «el Talgo a Madrid», que de hecho aún siguen siendo coches de la marca Talgo.
Mis recuerdos se remontan a cuando era bien chiquitajo, con el que para mi siempre será el mejor Talgo y símbolo de la marca, el Talgo serie III, con sus distinguidas franjas grises y rojas, las ventanillas redondas de las puertas y esas locomotoras de la serie 352 ó 2000T con una señora bocina como es de merecer. La estación de Atocha por aquel entonces estaba algo menos arreglada que hoy en día, si es que se le puede llamar arreglo a ese hormigón al descubierto con sensación de a medio terminar de ahora, pero por supuesto lo que más recuerdo son los cambios de vía que hacían a última hora, cuando los pasajeros estábamos ya abajo al pie de la vía cinco esperando la llegada del tren y de repente anunciaban que iba a entrar por la cuatro —curiosamente actualmente siguen siendo más o menos las mismas vías por las que se coge—. Sin olvidar tampoco que no había personal de Renfe ayudando […] (continuar leyendo)
Hace un tiempo que se me rompieron los cordones de unas
Mis abuelas nunca dejan de sorprenderme, y ayer una de ellas lo logró con un par de cosas de la cocina que a saber de donde las habrá sacado: una paellera y una cafetera para uso individual. La paellera ya la había visto algunas veces y la tomaba más por algo de decoración que para cocinar realmente —aunque dice que la ha llegado a usar—, pero no sabía yo de la existencia de la cafetera tan peculiar y con la que me hice un café para mi solo, aunque si no te los echas largos puede llegar a servir para dos.
A cualquier cosa se le llama política y periodismo en este país.