Si es nuestra noche de suerte puede que topemos con alguno que sepa componer una frase de tres palabras, «cadné te itentitat» o «tu no pasar» —sin tanta suerte esta última—, pero normalmente sólo saben expresarse con palabras sueltas de una sola sílaba y unos pocos gestos. Un buen sablazo de entrada para de primeras econtrarnos con ellos, sus miradas perdidas y modales que demuestran la teoría de la evolución. Da lo mismo el hemisferio del que vengan. En otros lugares se les consideraría y harían de porteros, pero en el mundo de la noche suelen ser como un grupo de gorilas.
Con el comienzo del verano también empieza el peculiar agosto para montones de sitios de fiesta que abren con motivo de la estación estival. Cuatro artículos de mobiliario de IKEA, un par de trapos o sábanas rotas, otro par de letrinas sin papel, una docena de velas dispersas por las esquinas, bebidas, un par de reparte-flyers llamados relaciones públicas y una cuadrilla de camareros a los que ante todo se les exige peinados estilosos y ropa ajustada que cuanto más enseñe mejor, sin importar lo lentos que sean, y por supuesto otra cuadrilla, a veces jauría, de porteros. Todo eso junto con unas licencias municipales a veces a medio tramitar y un ordenador conectado a un equipo de sonido es más que suficiente para montar un local de fiesta para el verano por cuya entrada nos cobran lo que por cenar en un bar normal, aunque los currantes ganen menos que los del bar.
Pero volvamos a los gorilas dado el caso. […] (continuar leyendo)