Acerca de dayer

telemático y teleco parlanchín que disfruta con MTB, amigos y vicios varios.

La misinda

Inspirado en reflexiones como las de #SeñorasQue analizan al terrorista sentimental, yo podría compartir la de «la misinda». Una manera como tantas de denominar a ese tipo de mujer del que todos conocemos gran cantidad de ejemplares y que nunca estamos a salvo.

La misinda es esa clase de mujer, aunque a veces puede que sin clase, que aparece precisamente en un día en que necesitas ser escuchado o tener una pausa en tu rutina. Con unas palabras cariñosas adornadas de risas ñoñas, miradas de comprensión y voz dulce irrumpe en tu vida despertando en ti una llamativa complicidad. Resulta a su vez como un oído generoso y paciente que sabe escuchar como nadie pero con una boca que sabe callar como menos aún. Porque ella siempre evitará hablar de sí misma.

La misinda te invitará a que le cuentes tus problemas y pensamientos sin apenas manifestarte opinión alguna. Y si de verdad quieres que se calle invítala a que te hable de sí misma, de su vida, de su pasado, de sus planes, de sus desamores. Con ella no descubrirás la riqueza del español, porque para evitar contestar a lo planteado dirá «no sé» o cambiará a un rostro triste acompañado de un «prefiero no hablar de ello». Y entonces erróneamente caerás en su red […] (continuar leyendo)

Problemas y aburrirse

En las últimas semanas me ha venido al recuerdo varias veces aquella entrada sobre la película Las reglas del juego. Un título tan abierto y concreto a la vez. Alguien me cuenta que nadie le quiere, otro alguien que pasa totalmente del sexo opuesto, otro alguien que está herido y uno y no más, otro alguien que se siente utilizado,.. Y tienen en común más de lo que pudieran pensar, pues niegan lo que como pocas veces han ansiado: correspondencia.

Pero desear correspondencia tiene el mismo problema que cualquier otra cosa que se anhele: desesperación. Y la desesperación es de esas alteraciones que entran en un bucle infinito, que además se retroalimenta. Asimismo, como esté originada por asuntos de sentimiento y/o ebullición de hormonas, apaga y vámonos. Mas al margen del dicho de «un clavo saca a otro clavo», es imprescindible querer salir de ese círculo. De ese camino sin fin. […] (continuar leyendo)

Coplas picarescas de Nogalte (ii)

Y enlazando con las anteriores picarescas y aprovechando que es San Valentín, aquí van otras:

Desde que te fuiste, Pepe,
el huerto no se ha regao
la hierbabuena no crece
y el perejil se ha secado.

 

Una vieja de cien años
y un viejo de ciento trece.
Le dice el viejo a la vieja:
«Todavía se me estremece».

 

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Cuestión de prioridades

Se podría llamar priorizar o también administrar, gestionar, etc. Esa manera que se tiene de organizar cada ente por un orden sin el cual el deber quede sin cumplir. Con el que intentar cubrir todo lo necesario causando a cualquiera de dichos entes el menor de los perjuicios posibles. Pero nadie dijo que fuera fácil.

Así como en otros ámbitos, cuando no se tiene qué organizar se ansía entonces tenerlo. Cuando no se es jefe en algo se desea serlo. Aunque no haya dinero, pero se dirige. Se manda. El erotismo del poder. Pero también se adquiere una responsabilidad que conlleva saber priorizar. Un cometido que se complica de sobremanera si incluye personas.

Hace años una persona me dijo que priorizaba y que yo también debiera de hacerlo. Se refería a la vida social. Al tener algo concertando en la agenda semanas atrás y sustituirlo por algo repentino unas horas antes sin que en esto último fuera la vida. Pero esa persona sabía y sabe hacerlo de perlas. Explicarlo de una manera brillante, sencilla y sutil. Con excelente diplomacia. Buscar alternativas. Sabe priorizar y cómo aplicarlo.

Sin embargo abundan las personas que de eso no tienen ni idea o ni les importa lograr tenerla algún día. Aunque sea lejano. Sujetos de los que hasta se pueden llegar a tener serios indicios de que juegan con semejantes y/o tienen el sensor del decoro severamente averiado. Expertos en volcarse según sople el aire ese rato o bullan las hormonas en otorgar prioridad alta a algo en absoluto vital y obviar todo lo demás. Obviarlo de prioridad ni media, ni baja ni muy baja. Lo que en informática se llama idle. Para cuando se aburran, hablando claro.

Ante estas situaciones no queda otra que saber responder también con la prioridad de cada cual. Olvidando posibles rencores y venganzas. Sin odio, que es un sentimiento y no digno de cualquiera. Con claridad, educación y saber estar. Obligatorio no olvidar el amor propio tampoco. No ya por dar una lección, sino porque somos así. Respetamos y nos dejamos respetar.

Red social con memoria

Nos contaba un amigo que ha vuelto a Tuenti. Hacía dos años que eliminó su cuenta pero algún ataque de nostalgia o cotilleo repentino de alguna le debe de haber dado. No se acuerda de la contraseña, hace el proceso de cambiar la contraseña, indica una nueva, accede y ¡sorpresa! Tuenti se acuerda de su nombre, sus mensajes, sus amigos. Y tampoco se ha olvidado de sus fotos. Con el «su» no sé si referirme a mi amigo o a Tuenti.

Con esto he sentido curiosidad por un lado de ver qué pasaría en mi excuenta. Pero soy un cobarde. Lo reconozco. Tanto casi como esa gente que dice que pasa de redes sociales pero sin saberlo también está engancha. Sin embargo me he prometido que para la próxima red social de la que me eliminase tomaría antes unas medidas aunque posiblemente inútiles. Lo borraría todo y rellenaría los datos con algo diferente. Con los mismos detalles que para la siguiente en la que osase inscribirme tuviera. Estos los puedo resumir en una imagen de perfil de un muñeco dibujado por mi con cuatro trazos y el nombre de Benito Camelos.

Coplas picarescas de Nogalte (i)

Y si en Nogalte hay coplas sobre la suegra, es porque tampoco faltan las picarescas:

A mi no me gustan las viejas
que tengan la barriga arrugá,
pero si tiene pesetas
échamelas para acá.

 

Margaritilla preciosa
me dio un anillo,
yo me lo puse
en el dedo «margaritillo».

 

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Diario de Navidad (ii)

Me despierto cuarenta veces desde la noche anterior y vuelvo a intentar dormirme una y otra vez. No hay manera. Para arriba. Suena el teléfono. Andrés me ha enviado varios mensajes para planear la noche y yo sin saberlo. Barceló mismamente, le digo. Sabe que como sea el Capitán Morgan de la otra noche les rompo la botella en la cabeza. Ganduleo oyendo unos charts para estar animado. Mando tropecientas difusiones por Whatsapp con los típicos mensajes ingeniosos de la época. Ceno. Uvas. Zapatos, correa y guantes a juego. Arreglado pero sin traje. Tiramos para la primera parada de nuestra larga noche. El mítico chino. En Príncipe de Asturias nos convidamos y saludamos a unos a otros. Me siento mayor entre tanta falda alta y escote bajo. El Cuco aparece para hacer unas de sus cucadas, se marcha y aparece un amigo suyo que creía que estaba con nosotros. Pues ya que estás quédate, que te sacaremos punta. Cambiamos a la Cuesta de la Baronesa. De camino unas gitanillas con aspecto acalorado en la puerta de Santa María retan a bailar a un amigo y allá que él obedece. Como aparezcan sus cuarenta primos ya correrás más de vuelta. Muchas más caras conocidas y de edades similares. Menos crías y más señoritas. Saltamos de un lado a otro y acabamos con unos amigos que llevan a alguien que no conozco que empieza a hacerme terapia del amor. Psicólogo para variar, aunque gracioso. En nada están cerrando los locales, de a los que ninguno he entrado aún. Emigramos al Telar. Esta noche sí que lo pillo abierto aunque con cola. La música parece de lugar popero, pero ponen el Hey girl hey boy de los Chemical […] (continuar leyendo)